jueves, 21 de marzo de 2013

Un ángel llamado Sor Marcela



Hace pocos días vi la película Lope, representación de la juventud e inicios de nuestro gran poeta y dramaturgo del siglo de oro español, Lope de Vega. Este largometraje es una gran oportunidad de recordar y de no olvidar a este “Félix de los ingenios y monstruo de la naturaleza” como escribió el mismísimo Cervantes y que cuya obra fue tan intensa como su vida. Escribió más de mil comedias y sonetos. Pero su obra no quedó sólo es lo meramente escrito sino también en su propia descendencia. De la docena de hijos que tuvo legítimos e ilegítimos, Lope concibió en “pecado” a una hija llamada Marcela, también dramaturga y poeta como su padre. Esta bastarda fue nacida en Toledo fruto de una relación adúltera que tuvo Lope con una mujer casada. Nunca reconoció a su hija legítimamente pero en cambio sí lo hizo con el hermano de Marcela, nacido posteriormente de la misma mujer adúltera. Al morir la esposa de Lope, fueron los hermanos llevados a Madrid junto al resto de su descendencia. Allí Marcela a la temprana edad de dieciséis años decidió correr mejor suerte al ingresar como monja en el respetado convento de la Trinitarias en Madrid, lugar donde se dio sepultura secreta a Cervantes. Su decisión de formar parte de la vida religiosa la alejó de “la carga” de ser hija bastarda y de los desvaríos de su propio padre.

Fue la monja más culta del convento, escribió un puñado de poemas, seis obras de teatro, una biografía de una madre del convento y cinco cuadernos con más de mil páginas de los cuales sólo se conserva un cuaderno ya que su propio confesor le ordenó quemar el resto sospechando de ser una mujer demasiado inteligente para la época y que los temas humorísticamente tratados eran demasiado picantes.

Seguramente muchos de nosotros no sabíamos de la existencia de esta mujer, y como de muchas otras artistas que han estado y están aún bajo la sombra de una estúpida tradición machista o más bien diría del miedo natural que ha sentido y siente el hombre hacia las féminas que de un pecho amamantan al bebé y del otro nutren de arte y de ingenio el hueco siempre eterno que todo artista ansía colmar ahogando la ignorancia pétrea. Es pues de mi grata sorpresa que haya topado casualmente con esta gran mujer desconocida y de tener el gran honor de dedicarle estos versos;

Naciste bajo pecado, aunque en vida simpecado,
Hiciste inmortales versos al mortal aciago,
Burlaste con disfraz pensamiento castrado,
Amaste el destierro en calabozo abandonado y
Moriste en celestial estado.

Desirée

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