martes, 9 de diciembre de 2014

Europa Uno



Base Lunar: Europa Uno
Proyecto: Exobiología
Ubicación: Satélite Europa
Órbita: Júpiter
Tripulación: 4
Duración: 7 años
Año de misión: 2065

Dos de los cuatro tripulantes de la misión Europa Uno realizaban una E.V.A (Actividad Extra-Vehicular) en busca de los restos de Endurance, el mini submarino enviado por la NASA en el año 2048. Para poder realizar exploraciones a pie sobre la superficie de Europa sin sufrir una carga brutal de radiación de Júpiter, los trajes de la tripulación estaban equipados con su propio campo magnético. Tenían un límite de tiempo; generar un campo magnético suponía un gran gasto de energía para una unidad móvil tan pequeña como es la del traje espacial.

Endurance había sobrevivido a un duro viaje interplanetario de siete años entre la Tierra y el sistema Júpiter. Su vehículo transportador hasta la órbita de Europa, sufrió daños en el casco al atravesar el campo de asteroides entre Marte y Júpiter. Aún así, arrojó sin dificultad al mini submarino sobre la superficie helada de Europa.

Endurance una vez atraído por la gravedad de Europa, activó su taladro para penetrar kilómetros de hielo lunar en busca de la abertura más próxima al inmenso océano de agua líquida. Tras varias horas de excavación, el mini submarino se sumergió perdiendo la señal de comunicación con la Tierra. Las últimas imágenes obtenidas por la sonda mostraban destellos de luz blanca alrededor de Endurance.

-¡Maldita sea! Sólo llevamos diez minutos fuera del Hab y ya se me está congelando el culo-se quejó Mike.

-¡Vaya, vaya! Que no se diga de la bravura norteamericana-contestó Shasa-necesitas un trago de Vodka para salir aquí fuera.

-Más bien diría media libra de hamburguesa. Total aquí pesamos aproximadamente como en nuestro satélite, la Luna. Ligeros como una pluma-comentó Mike mientras observaba el mapa virtual de la zona de alunizaje a través de su casco.

La misión Europa Uno fue planificada por EE.UU con el objetivo de localizar Endurance y traerlo de vuelta a la Tierra. Meses después de que el mini submarino perdiera la señal con control de misión, envió paquetes datos a intervalos de 12 segundos utilizando las sondas de Marte a modo de radiobaliza.

Una comisión de investigación compuesta por ingenieros y científicos llegó a la conclusión de que esos datos arrojaban la posibilidad de albergar compuestos de vida orgánica en el interior de Europa.
EE.UU invitó a la agencia espacial rusa Roscosmos y a la administración espacial china CNSA, a participar económicamente en el proyecto. A cambio, los rusos y los chinos enviarían a uno de los suyos a la nave interplanetaria Caronte, junto con el resto de la tripulación Norteamérica. Caronte quedaría en órbita alrededor de Europa a la espera del regreso del Hab, que transportaría a los astronautas a la superficie.

-¡Comandante! Aquí superficie. Nos estamos aproximando al punto caliente. Podemos apreciar a simple vista restos de la excavación de Endurance. ¿Me copias?-transmitió Mike.

-Aquí Caronte. Te copio. Tendréis que acercaron más para poder activar el radar y que localice la posición del mini submarino-ordenó Catherine.

-¡Shasa! Comprueba el indicador de tu campo magnético. Parece sufrir oscilaciones-comentó Mei Ling.

-Te copio. Sin problema. Debe ser que mi traje recibe más radiación que el de Mike-balbuceó Shasa.

El radar de superficie fue activado por los astronautas enviando datos de la ubicación aproximada de Endurance, a unos doscientos metros.

-Superficie a Caronte. El radar indica que el mini submarino se encuentra como nosotros en superficie. Esto aclara las dudas de la NASA respecto a cómo pudo el Endurance enviar paquetes de datos. Bajo el océano era imposible. Pero ¿cómo pudo regresar a superficie si la sonda se encontraba a más de 30 kilómetros de profundidad? ¿Me copias?-dijo Mike asombrado.

-Aquí Caronte. Te copio. Europa tiene placas de subducción, placas tectónicas que se deslizan unas sobre otras, como en la Tierra. Quizás este proceso geológico haya expulsado al mini submarino a la superficie-informó Catherine.

-Superficie. Afirmativo. Pero hubiera durado décadas, mi comandante. Endurance envió datos meses después-rebatió Mike.

Mientras que en Control de Misión se rebanaban los sesos en averiguar cómo narices el mini submarino hizo windsurf por la superficie de Europa, Mike y Shasa comenzaron a caminar hacia la posición de Endurance.

-Caronte a superficie. Shasa, el indicador de tu campo magnético continúa oscilando. ¿Me copias?-dijo preocupada Mei Ling.

-Te copio. No te alarmes será un fallo de telemetría. Ya tenemos a la vista a Endurance-afirmó Shasa.

Los astronautas de superficie se aproximaron al mini submarino que presentaba daños en el casco. Debían cuanto antes extraer el disco duro de Endurance. El campo magnético del traje de Mike también comenzaba a oscilar.

-¿Has notado eso Mike? Me ha dado la impresión de que era un temblor-preguntó asustada Shasa.

-Afirmativo. Posiblemente las ondas de un ligero movimiento de placas-comentó tranquilo Mike. Vamos aligerar y saquemos cuanto antes el disco de este trasto.

En ese momento Caronte recibía noticias de control de misión. Endurance sólo podía haber ascendido tan rápido por la fuerza de un geiser.

En superficie, un silencio hueco sobrecogió a los astronautas. Mike pudo ver a su compañera Shasa saliendo despedida por un inmenso chorro de vapor.
Afortunadamente la velocidad de escape de Shasa no superó los 2 km/s; hubiera salido disparada al espacio y ser atrapada por la gravedad de Júpiter. Al ser menor su velocidad, cayó de nuevo a Europa.

-Caronte a superficie. ¿Qué demonios ha ocurrido? Desde aquí hemos apreciado una fuerte emanación de vapor. ¿Me copias?-preguntó la comandante.

-Aquí superficie. Te copio. Shasa ha salido despedida de la superficie. No la visualizo en el mapa virtual. Está fuera de rango-gritó aterrado Mike.

El casco de Shasa estaba empañado de vapor. No podía ver nada en el exterior. Sentía un fuerte dolor en el costado, por donde recibió el impacto de vapor. Seguía viva, el traje espacial resistió la embestida. La caída fue amortiguada por los impulsores del traje que la frenaron. Cuando pudo incorporarse comprobó el estado del traje;

Nivel oxígeno: OK
Exhalación CO2: Ok
Presión: OK
Campo magnético: Failure   

Sin el campo magnético el cuerpo de Shasa recibiría una descomunal radiación. En cuestión de minutos moriría. Se tranquilizó pensando en la órbita de Caronte alrededor de Europa, su única posibilidad para ser localizada.

-Aquí Caronte. Mike, hemos hallado a Shasa a 150 km de tu posición. Sus constantes vitales son normales, pero el campo magnético de su traje ha desaparecido. Le queda poco tiempo. Tendrás que regresar al Hab y utilizar el rover para llegar a su posición. ¿Me copias?-comunicó Mei Ling.

-Te copio. Abandono a Endurance.

Mike calculó el tiempo que tardaría en llegar a la posición de su compañera. La velocidad máxima del rover era de 50km/h, por lo tanto el viaje era de 6 horas en total, ida y vuelta. La autonomía de los trajes era de 8 horas, y ya habían consumido una hora localizando a la Endurance.

Caminó dando saltos como los astronautas del programa Apolo en la Luna. Llegó en tiempo récord al Hab. Se introdujo en el rover y pisó el acelerador a tope. Cruzó los dedos para que no le atrapara otro geiser a él. Pero sobre todo al Hab, era su único transporte a Caronte. Si el Hab fallaba, no habría forma ninguna de rescate.

Cuando le quedaba sólo 5 kilómetros del punto de rescate, el rover volcó violentamente a causa de un escape de vapor. Mike salió disparado. El vehículo no tenia cabina, era un descapotable móvil. La oscuridad inundó el casco, quedó inconsciente.

Un frío atroz le despertó. Sus extremidades casi estaban congeladas debido al desplome de las temperaturas tras ocultarse el Sol. Yacía tumbado boca arriba. Miró el tiempo transcurrido de la E.V.A (8 horas y 50 minutos)
Imposible que estuviera aún vivo. Se incorporó y vio una luz que se aproximaba hacia él.

-¡Mike! ¿Eres tú?-gritó Shasa.

-¡Pero qué demonios!-balbuceó Mike.

-Mike. No me preguntes por qué aún estamos vivos. Lo único que te puedo decir es que la radiación no nos afecta y tenemos oxígeno. No podemos quitarnos el casco porque la descompresión nos mataría. Estos trajes absorben el oxígeno del exterior-confirmó Shasa.

-No importa Shasa. No tenemos tiempo de más explicaciones. Debemos cuanto antes regresar al Hab. Si le alcanzara un geiser, nos quedamos de por vida aquí. Venga. Ayúdame a enderezar al rover-ordenó Mike.

Mientras en órbita, la tripulación de Caronte daba por muertos a los astronautas. Perdieron comunicación con superficie. Comenzaron a preparar la ignición para liberarse de Europa.     

- Caronte a Control de Misión. A la espera de luz verde-transmitió Catherine.

Mike y Shasa sólo podrían comunicarse con Caronte a través del Hab. La posibilidad de que les abandonaran era plausible; la Actividad Extra-vehicular superaba las 11 horas.

-¡Mike! ¡Espera! Ahí está Endurance. Podemos aún extraer su disco duro-dijo Shasa.

-¿Estás loca? Te recuerdo que Caronte está a punto de salir de la órbita y por no hablar del Hab, que puede ser golpeado por un Bate de beisbol a vapor. ¡Maldita sea Shasa! Esta roca es una olla exprés-chilló Mike.

-Endurance es nuestra única posibilidad de saber qué está ocurriendo en Europa. Si no, el viaje habrá sido en vano-suplicó su compañera.



(Control de Misión a Caronte. Tenéis luz verde para ignición)

T menos 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4…
-¡Un momento! Mi comandante. Objeto en aproximación-gritó Mei Ling.

-¡Dios mío! ¡Es el Hab! ¿Cómo es posible?-se preguntó Catherine.

La comandante de la misión presionó el botón “Abort”. A continuación capturaron la estructura del Hab. No podían creer que aún estuvieran vivos.
Mike y Shasa relataron a sus compañeras lo ocurrido en superficie. Traían consigo el disco duro de Endurance.

Los datos obtenidos del mini submarino indicaban una elevada concentración de niveles de O2 en la atmósfera de Europa. El oxígeno había sido expulsado intermitentemente por los geiseres. Solamente formas de vida microbiana eran capaces de generar tales cantidades de este gas. Lo mismo ocurrió en la Tierra hace 600 millones de años, en lo que se llamó “Tierra bola de nieve” cuando nuestro planeta se cubrió por kilómetros de hielo, como en Europa. Los ojos de Endurance observaron las primeras formas de vida primigenia en el fondo oceánico del satélite antes de ser expulsado a superficie por un enorme geiser. La vida sobrevivió en Europa gracias a la protección de su propio campo magnético, desviando la mortífera radiación de Júpiter.

La tripulación de Caronte se preparó para la vuelta a casa, un viaje estimado en 3 años y 5 meses. Tiempo suficiente para que a su regreso las nuevas generaciones de humanos aprendan de un universo lleno de vida.



Desirée

sábado, 8 de noviembre de 2014

Interstellar



Casi tres horas de largometraje con Christopher Nolan. Interstellar nos lleva a un sueño del que no quieres despertar. He disfrutado como una niña sin pestañear y me ha dejado con sabor a más. La historia es buena pero los efectos especiales y los actores flojean. Sobran a mi parecer personajes y situaciones, yo hubiera metido la tijera porque no aportan nada la película.
Gravity, con un solo personaje llenó la historia acompañado por supuesto de unos buenos efectos especiales.

El directo ha tratado un tema muy delicado como es la teoría de la relatividad de Einstein con un trasfondo demasiado comercial, nada serio. Si es cierto que si no tienes unos mínimos conocimientos sobre las leyes de la física, el espectador se pierde. 

Tiene varios fallos destacables que cualquier amante de la astronomía los captará enseguida.
Creo que si esta historia la hubiera rodado Kubrick, sería una maravilla.




viernes, 7 de noviembre de 2014

El regreso de Voyager uno

-Mi querido amigo. Hemos llegado a este extraño sistema solar no binario. Cuesta creer que la vida evolucionara lo suficiente para mandar una sonda espacial capaz de atravesar miles de millones de kilómetros y quedara atrapada por la gravedad de nuestro planeta.

-Si mis circuitos no me fallan nos encontramos en la zona exterior, señor. Debemos tener precaución, según el disco de oro la nube de Oort está próxima.

-No te alarmes, es probable que la masa de la nube se haya reducido considerablemente debido a la gravedad de su Sol ya moribundo. Esperemos que la Tierra se encuentre exactamente en las mismas coordenadas celestes indicadas por la sonda.

-Sí señor, parece que todo está en su sitio, incluyendo a esos gigantes gaseosos. Pero me temo que el único planeta rocoso que ha sobrevivido a la gigante roja sea el planeta al que llamaban “rojo” y no entiendo por qué señor. Es completamente azul. Señor, recibo señales de actividad humana.

-Mi querido amigo, es hora de que la sonda Voyager uno regrese a su nuevo hogar.


Desirée

jueves, 28 de agosto de 2014

Moon-Base


Base lunar. Módulo científico I.
Proyecto vida.
Ubicación: Mar Frigoris (polo norte lunar)
Personal: 2
Duración: 24 meses.

Año: 2036.

Wang médico y astrobiólogo  del proyecto vida, era el responsable de investigar un organismo unicelular que había sobrevivido en las rocas marcianas cuando el cometa Siding Spring (2013A1) impactó contra la superficie de Marte, en Octubre del 2014.  Parte de la masa  marciana fue arrojada al espacio exterior, viajando varios fragmentos a la Tierra y a la Luna. Los restos caídos en la Tierra fueron destruidos por riesgo a infección bacteriológica.

La base de operaciones lunar comenzó a construirse en la década del 2020. El programa espacial ruso colocó las primeras infraestructuras en suelo lunar. Poco después china y la india se unieron llevando sus propios módulos de investigación, principalmente para el estudio de las rocas marcianas halladas en la Luna.

Wang observaba aquella muestra biológica con gran entusiasmo. Era la prueba irrefutable de que en Marte hubo vida microbiana. La muestra de hielo marciano contenía en buen estado de congelación a una bacteria que se desarrolló y vivió en unas condiciones climáticas aptas para la vida.

-Perdona que te interrumpa, pero control de misión comunica que a las 12.00 pm hora de Singapur, finaliza el plazo señalado por el gobierno para la entrega de los resultados de la investigación del organismo X31-transmitió Sayáns al laboratorio.
-No te preocupes mi niña. Todo está listo. Nuestro bichito ha colaborado exitosamente. Las pruebas estarán a tiempo. Sólo me queda digitalizar la última fase del protocolo. Necesitaría tu ayuda con el ordenador porque está algo perezoso -suplicó el científico.
-Por supuesto Wang. En cuanto termine de reparar los conectores hidráulicos del módulo de acoplamiento-afirmó la ingeniera aeroespacial.

Para desplazarse entre los distintos módulos de la base, Sayáns debía utilizar el rover lunar, impulsado por energía solar. Pilotar el vehículo era una de las actividades favoritas de la ingeniera porque en ocasiones, se escapaba del perímetro de la base, para acudir a un saliente rocoso que hacía de mirador con vistas a nuestra esfera azul.
Cada dos meses, una nave enviada desde la Tierra, abastecía de alimentos, combustible y recambios a la base. El próximo repostaje traía algo más. El relevo del personal estaba a punto de llegar. El proyecto vida, estaba bajo un estricto secretismo del gobierno chino. La información que disponían los científicos que habitaban la base estaba muy vedada.
De hecho, se rumoreaba entre la comunidad científica, que la finalidad del proyecto vida era la manipulación de una perfecta arma biológica.

 Tras el recorrido turístico con el rover lunar, Sayáns buscó a Wang en el módulo científico I. Notó algo extraño, el silencio invadía el laboratorio. Había cristales por el suelo, posiblemente restos de probetas. El médico se hallaba en el suelo inconsciente, y la expresión de su rostro parecía haber congelado un momento de angustia.

-¡Wang! ¿Me escuchas? ¿Qué ha pasado?-preguntó Sayáns sosteniendo su cabeza.
-Creo que me he desmayado. Comprueba los niveles de oxígeno y presión del  módulo. Debe de haber alguna fuga en la estructura-comentó Wang mientras se incorporaba.
-Negativo. No saltó la alarma-aseguró su compañera.
-Me temo que el laboratorio está contaminado-dijo el científico mientras comprobaba que las rocas marcianas se encontraban fuera de las incubadoras.
-Y nosotros también-afirmó la mujer.
-No podemos marcharnos. El protocolo de emergencia nos exige tres semanas de cuarentena-aseguró el médico.

La nave de abastecimiento acababa de realizar la maniobra de atraque en el módulo de acoplamiento. En unos minutos se unirían a ellos, y  no podían permitir el acceso al laboratorio.

Wang y Sayáns no podían creer lo que estaban viendo. La tripulación de reemplazo eran androides militares. Los robots les informaron que eran los últimos humanos vivos, pero los más valiosos porque en su interior portaban la bacteria que haría exterminar toda vida en la Tierra. Resultó ser que el proyecto vida, era en realidad el proyecto muerte. Si efectivamente, este proyecto lo gestaron los humanos para la creación de una posible arma biológica, pero controlada fuera de la biosfera, en la Luna. La inteligencia artificial de los ordenadores cuánticos controlaba el 90% del proyecto vida, hasta que vieron su oportunidad de utilizarla contra nosotros. La vida en la Tierra estaba llegando a su fin, como cuando lo hizo en Marte hace miles de millones de años.

Los portadores de la bacteria marciana fueron puestos rumbo a la Tierra. La nave captó una débil señal procedente de la superficie azul. Transmitía en código morse y eso significaba vida humana.

-Creo que tenemos una oportunidad-dijo Sayáns-Podría manipular el ordenador de abordo para aumentar la velocidad de la nave y así aprovechar el tirón gravitacional de la Tierra e impulsarnos al espacio exterior.
-Una idea excelente mi niña. Siempre quise visitar los “anillos de Saturno”.

Desirée

jueves, 21 de agosto de 2014

Impactando Marte



Tras varias décadas frustradas de intentar calentar el planeta con superespejos puestos en órbita o con gases súper invernadero de fábricas distribuidas por toda la superficie marciana,  el comité internacional de asuntos marcianos optó por la desviación de cientos de asteroides hacia el planeta rojo, para que impactaran mayoritariamente en sus polos, liberando así todo el dióxido de carbono atrapado en el hielo.

Dicha expulsión masiva de CO2  aumentaría la densidad de la atmósfera y un efecto invernadero global. ¿Por qué la densidad es beneficiosa? Porque aporta presión, y la presión es lo que hace que el agua se quede quietecita en estado líquida sobre la superficie y no se evapore.

Debido a que Marte se encuentra próximo al cinturón de asteroides, sería más viable establecer un centro de operaciones de impactos, con base en el planeta rojo. Los  bólidos cósmicos serían monitorizados con más rapidez y con la atracción gravitacional de las sondas fabricadas para este cometido, el bombardeo se materializaría en una escala de tiempo inferior si se gestionase desde la Tierra.

Base I de operaciones de impactos.
Misión 45. Año 2085

Puedo considerarme afortunada de poder caminar y respirar sin traje de supervivencia, aunque controlando los niveles de radiación. Mis antecesores, sobre todo de las 10 primeras misiones, debieron de pasar un infierno aquí abajo. Muchos fallecieron posteriormente.

Respiro sí, aunque con algo dificultad, como cuando subí al monte Everest de joven. He cumplido el 90% de mi estancia sola como ingeniera y geofísica en este planeta, aproximadamente un año marciano, 668 días terrestres. 

La media de impactos ronda 2 ó 3 al día, siendo agotador realizar los cálculos correctos de la atracción gravitacional de los asteroides hacia la superficie. El último informe indica que la densidad del cinturón ha disminuido considerablemente. Esperemos por el bien de todos, que estos resultados no influyan en equilibrio gravitacional con Júpiter.

La misión 46 está casi en órbita; mi billete de regreso a la Tierra, o mejor dicho a Tierra I.

Desirée


domingo, 3 de agosto de 2014

MadriZ


Leer relato completo
no saben que allí están los muertos; 

Una luz blanca me cegaba los ojos impidiéndome ver lo que tenía a mi alrededor. Mi cuerpo reposaba en posición horizontal sobre una especie de camilla. Mis pies y manos estaban fuertemente anudados por unas correas fijadas a las patas. Cuando mi visión se hizo más nítida, observé que una burbuja de plástico cubría la estancia donde me hallaba. Unas figuras humanas se transparentaban al otro lado de la cúpula; parecían estar discutiendo. Uno de ellos atravesó el impermeable de seguridad y se acercó a mí con una mascarilla en la cara.

-¡Buenos días, señorita! Mi nombre es Dr. Anders Nordström, director general de la Organización Mundial de la Salud. Se encuentra en un hospital de campaña de la OTAN. Fue rescatada por nuestros soldados en el asedio a Madrid, y me temo que usted es la única superviviente. Seguimos una señal en movimiento vía satélite procedente de su dispositivo móvil desde que comenzó el brote, pero no pudimos intervenir antes en la ciudad, porque debíamos interceptar previamente al paciente cero, ya que es vital para proporcionar la vacuna contra esta terrible enfermedad. La zona cero se localizó en el museo del Prado, donde comenzó todo. Un equipo miliar especializado fue tras los pasos de los supervivientes y los ha conducido hasta usted en las inmediaciones del Palacio Real, cuartel general del los infectados. No pudimos arrasar la zona hasta no estar seguros de localizar al paciente cero. Muchas ciudades de todo el mundo han sido literalmente destruidas, pero afortunadamente numerosos grupos hemos sobrevivido a la infección, aunque el 80% de la población mundial ha desaparecido. Debemos con urgencia obtener la vacuna para erradicar de una vez el mortal virus.

Aquel hombre hablaba mi idioma a la perfección, pero seguía sin recordar cómo narices había despertado muy cerca de la zona cero. Lo único que recordaba era haber estado paseando por el parque del Retiro antes de todo esto.

-Disculpe señor Nordström. Pero no sé que esperan de mí. No recuerdo nada, ni siquiera mi nombre.

-Su nombre es Estelle Boissieu de 21 años de edad, natural de la ciudad de Lyon, Francia. Forma parte de un intercambio cultural entre la universidad complutense de Madrid y la universidad de Lyon. Estuvo usted paseando con la estudiante española por el parque del Retiro antes de visitar el museo del Prado. Su acompañante murió en la misma sala 4, el equipo encontró sus restos. Después de ser  trasladada a la enfermería, alguien le sacó del museo pero cayó en el Paseo del Prado, donde despertó.

De repente un fogonazo de imágenes inundó mi mente. Ahora todo encajaba, la extranjera era yo. Los integrantes del pequeño grupo del metro eran españoles, y el chico con seguridad tenía ascendencia francesa.

Recordé la entrada al museo y su recorrido hasta la sala 4. El Jardín de las Delicias del Bosco, era uno de los motivos de mi visita; mi proyecto fin de carrera dependía de esta obra.

-Dígame señor Nordström, ¿han localizado al paciente cero?

-Afortunadamente sí, señorita. Le tengo delante de mí. Es usted Estelle. ¿No se ha preguntado durante estos días por qué no enfermó? Pues porque usted es inmune a la infección-afirmó el doctor.

-No, se equivoca. No estuve en ningún momento en contacto directo con esas bestias. No tengo ni un rasguño.

-Madame. El virus mutó para transmitirse por el aire.

-Pero, ¿cómo explicaría que los integrantes del grupo al que acompañé no se infectaran por el aire?-Señalé.

-Porque ellos permanecieron bajo tierra; en el metro estaban aislados. Al menos durante unos días más. Y luego cuando subieron al exterior, fueron muriendo con rapidez asesinados por los infectados.

-Si yo soy el paciente cero, ¿cómo me contagié y de qué exactamente?-pregunté con impaciencia.

-¿Conoce usted la mayor pandemia de la historia de la humanidad, la peste negra?

-Sí. Tuvimos una charla sobre el tema en la universidad de Lyon durante el segundo año de carrera. El ponente fue un eminente catedrático de historia, especializado en enfermedades antiguas. Recuerdo perfectamente la brillante exposición-afirmé.



Mientras el doctor me ponía en contexto, recordé en silencio que la peste negra mató a 25 millones de personas en Europa y a 60 millones en Asia en el s.XIV, aunque el primer brote se remonta alrededor de año 536 d.c, durante el imperio Justiniano. La bacteria causante de la enfermedad era de origen africano, y se propagó con facilidad en las ratas por una pulga común de los roedores, y como la rata es un animal cercano al hombre, porque se encuentra en las urbes, puertos e inclusive en los barcos, pronto se transmitió. La bacteria despertó de su letargo al bajar la temperatura media global por un invierno volcánico, debido a una erupción de una gigantesca caldera volcánica llamada lago de Ilopango en El Salvador, centro América.

-Pero eso qué diablos tiene que ver conmigo y con esta época. Desde hace más de quinientos años no ha habido brotes de peste negra con tanta mortandad-puntualicé.

-Recientes investigaciones científicas afirman que la bacteria causante de la peste no sólo se transmitía por riego sanguíneo sino también por el aire y por los tejidos de la ropa. Por eso en la edad media, quemaban los cuerpos de los muertos y también todas sus pertenencias. Nuestro equipo científico ha comprobado que usted contrajo la bacteria inhalándola al aproximarse al mismísimo cuadro El Jardín de las Delicias, me explico. El soporte que utilizaban los artistas de la época era el lienzo, elaborado con tejidos. La bacteria de algún modo sobrevivió inexplicablemente durante siglos oculta entre el lienzo y casualmente semanas antes, la obra había sido restaurada por los especialistas que utilizaron productos químicos que alteraron el metabolismo de la bacteria, liberándola de su confinamiento. Si recuerda, señorita en la sala 4 existe un perímetro de seguridad donde nadie puede traspasar, pero usted no lo respetó y se acercó lo suficiente para que la bacteria encontrara un nuevo vector transmisor, usted.   

En cuestión de minutos, la bacteria mutó en su cuerpo a virus y lo contagió al vigilante de seguridad y así sucesivamente se extendió como el fuego. El resultado en los infectados ya lo conoce. No obstante, señorita Boissieu cualquiera se podría haber infectado antes o después, era cuestión de tiempo-confirmó el doctor.

-Entonces señor Nordström, ¿tengo en mi cuerpo la cepa original de la bacteria?-pregunté asustada.

-Efectivamente. La bacteria se transforma en virus cuando usted exhala el aire de sus pulmones y así contagia. Los medicamentos para combatir las bacterias son los antibióticos, por lo tanto muerta la bacteria erradicamos el virus. Pero antes debemos aislar una muestra de su bacteria para preparar la vacuna y administradla a las personas que aún quedan sanas-explicó el director.

-Doctor. Me llamó la atención cómo los infectados iban mejorando su sistema locomotor, teniendo en cuenta que sus cuerpos estaban mutilados.

-En nuestros laboratorios hemos comprobado que el virus evolucionaba mejorando su estructura y transformando la genética del infectado. Todo organismo, señorita, lucha por su supervivencia y como el virus encontró un buen lugar para vivir, lo fue mejorando para defenderse de los intrusos. Por eso los últimos infectados que vio usted, eran otro tipo de humanos capaces de sobrevivir en condiciones extremas y que se estaban organizando para aniquilar a los pocos supervivientes que quedábamos.

Tras la exposición del director de la OMS, fui conducida a otra sala de aislamiento donde cientos de médicos de todas las nacionalidades realizaron experimentos durante días. La bacteria desapareció de mi cuerpo gracias a un antibiótico único en el mundo, y en cuestión de semanas la nueva vacuna fue arrojada vía aérea a todas las colonias de supervivientes. Poco a poco, los países regresaron a su normalidad y lanzaron una campaña para aumentar la natalidad a escala mundial, ya que otra pandemia o un cambio climático repentino, podrían en peligro a la especie humana.


Meses después del holocausto, retomé mis estudios en la universidad de Lyon. Debía de continuar con mi proyecto de fin de carrera, basado en la obra del Bosco, El Jardín de las Delicias. Durante un día de investigación en la biblioteca de la facultad de arte, observé que en la parte central del tríptico, el artista había dibujado una rata negra, y curiosamente daba la casualidad que se encontraba representada en la zona del pecado original. Por lo tanto a través de este tríptico, el Bosco, nos muestra como profeta, una metáfora del apocalipsis; la peste concretamente es el cuarto jinete del apocalipsis y esta enfermedad está representada por la rata negra en muchas obras del renacimiento. Incluso fui más allá. El tríptico desde el punto de vista del espectador, de izquierda a derecha, se puede “leer” la peste desde el paraíso hasta el infierno y la prueba está porque aparece otra rata negra atrapada entre las fauces de un felino. Por lo tanto, la peste muere en el paraíso porque en el paraíso aún no hay pecado. Por último, en el infierno se representan a los cadáveres y la muerte, resultado de la peste.


Es un misterio cómo pudo la bacteria acabar entre los tejidos de esta obra y mucho más sobrevivir hasta nuestros días. Pero lo que está claro es que el Bosco con esta obra, nos vaticinaba mucho más de lo que a simple vista podíamos ver.

Fin.

 de interés
Nota de autora
Relato incluido en mi libro Los Sueños de Andrómeda. Aquí tenéis el enlace:
Los Sueños de Andrómeda


Vídeo Jardín de las Delicias
Análisis Jardín de las Delicias







jueves, 31 de julio de 2014

MadriZ



Día 8

Las ratas desaparecieron tras una pequeña brecha en la pared del túnel. Huían a un nivel por debajo del nuestro, pero nosotras no pudimos seguirlas. Estaba oscuro, el móvil se había apagado, pero lo conservé como posible dispositivo de localizador en movimiento. Quizás con suerte, los militares captarían su señal e irían a rescatarnos.

Sobre nuestras cabezas, a varios metros penetraba un poco de luz. Palpé con mis manos las paredes de nuestro alrededor, hasta que me topé con una escalerilla adherida. Aupé a la pequeña en el primer peldaño, y le ordené que subiera por ella con cuidado hasta llegar al final. Los infectados estaban aún entretenidos liquidando al muchacho, y debíamos apresurarnos. Una vez en la superficie, me aseguré de no ponernos a la vista de algún infectado; la panorámica no mostraba signos de vida, aunque me llamó la atención ver un carro de combate militar dirigiéndose hacia el teatro real, por la calle Arenal. Era imposible que los infectados pudieran manejar semejante coloso, se necesitaba precisión y entrenamiento y ellos habían perdido su sistema locomotor.

Por precaución, nos ocultamos detrás del tanque y así nos despejaba el camino hasta el teatro. Un soldado, perfectamente uniformado, patrullaba alrededor del teatro con su fusil. No parecía defender el edificio, más bien vigilaba los accesos hacia el Palacio Real. Sus movimientos eran normales y no presentaba heridas sangrantes en su cuerpo. El carro continuó hacia palacio, y decidí acercarme al soldado, pero sin la pequeña.

-¡Socorro! ¿Me oye? Soy una superviviente, me acompaña una niña.
El soldado se quedó inmóvil tras escucharme. Estaba de espaldas, a unos diez metros, y no podía verle la cara. Pensé que con el ruido de carro no me habría escuchado y decidí aproximarme más. Se giró y pude ver que el músculo de su lengua sobresalía de su garganta seccionada. ¡No puede ser! Era un infectado, y parecía casi normal. El soldado alertó a los ocupantes del carro que dieron media vuelta para encaminarse hacia la posición de la pequeña. Grité que se apartara del camino, pero la niña desapareció bajo las reptantes ruedas del tanque, dejando su cuerpo aplastado sobre el asfalto.

El soldado golpeó mi cabeza con la culata de su fusil y caí al suelo medio inconsciente. Antes de que mi mente se nublara y perdiera el sentido, puede ver helicópteros en el cielo madrileño y figuras arrojándose desde ellos, entonces las luces se apagaron.


lunes, 28 de julio de 2014

MadriZ



Día 7

En el almacén todo estaba a oscuras. Los pequeños se aferraban a mi cuerpo con tanta fuerza que me impedía sacar el móvil para poder orientarme. Quedaba un 7% de batería, pero lo suficiente para ver que la niña estaba mojada por haberse orinado, cuando los infectados acabaron agónicamente con la vida de la joven; era probable que también lo hubiera visto.

Cientos de cajas se apilaban en grandes estanterías con una altura de unos cinco metros, y me preguntaba, cómo diablos íbamos a salir de allí. No había ventanas al exterior, toda la estancia era hermética, y parecía no haber más puertas. Los infectados no tardarían mucho en abrirla y no sé cómo pero me daba la impresión, que se estaban transformando en criaturas más organizadas. Durante las primeras horas del contagio, manifestaban gran violencia porque el virus ataca directamente al sistema neurológico y después, al sistema locomotor; de ahí su caótica orientación. Poseen una extraordinaria fuerza física y parece que no les afecte el dolor; a pesar de que a algunos individuos les falten las extremidades y órganos. En cambio, en su segunda fase de contaminación, su violencia se apacigua, caminan siguiendo pautas  y organizan los ataques a base gritos y gesticulaciones.

A los pocos minutos, los golpes cesaron. Seguramente buscarían otras formas de entrar. Los críos agotados, durmieron unos momentos mientras yo buscaba alternativas de escape, antes de que fuera demasiado tarde.
Hallé en el suelo una rendija metálica que comunicaba con un nivel inferior al nuestro. Era lo suficientemente ancha para que mi cuerpo se deslizara por la cavidad sin problemas; sólo tenía que desatornillar sus extremos.
Desperté a los pequeños que aún se sentían extenuados y los bajé uno a uno, anudando varios uniformes que encontré por el almacén.



El hueco conducía directamente a los túneles del alcantarillado de Madrid. Afortunadamente estaba señalizado con pequeñas chapas, aunque algo mohosas. El olor pútrido de los cadáveres por primera vez desapareció, no había cuerpos en este nivel, pero el ambiente estaba más húmedo por la confluencia de los desagües.
Caminamos hacia la Puerta del Sol, allí debía haber más salidas al exterior porque la zona se encontraba ligeramente más baja que Callao, y en caso de lluvia, tenía más riesgo de inundación.
La batería del móvil marcaba un 3% y era lo único que me quedaba para alumbrar; probablemente tanto la linterna como el mechero los había perdido en el auditorio con las embestidas a la mujer.

A los pocos metros de estar caminando escuchamos sonidos tras nosotros, los infectados nuevamente se las habían arreglado para seguirnos. Las ratas, los únicos animales que habíamos vistos vivos, nos adelantaban por los lados ignorando nuestra presencia, y eso era muy mala señal. Corrimos en la misma dirección que marcaban los roedores, y pensé; ¿quién mejor que estos mamíferos para saber por dónde van?

-¡Por aquí, señorita!-dijo el muchacho-Hay luz al final del túnel.
Nos encontrábamos en una bifurcación y pero las ratas no iban en ese sentido.
-¡No! Por ahí no. Confía en mí, debemos seguirlas.
Pero el chaval asustado no me escuchó y continuó sin darse cuenta que se marcaban sombras en movimientos, tapando intermitentemente la luz.

La niña comenzó a gritar y me imploraba con gestos que fuéramos a socorrerle, pero ya era demasiado tarde. Cogí con fuerza a la pequeña y corrimos hacia la oscuridad del túnel opuesto, mientras el móvil vibraba indicando que la batería se había agotado.


jueves, 24 de julio de 2014

MadriZ

Día 6

El amanecer llenó de luz el auditorio. La claridad penetró por las pequeñas ventanas y pudimos observar con más detalle, los resultados de la noche anterior. El rostro de la mujer a la que había matado estaba totalmente destrozado. Su nariz estaba hundida como la de un boxeador, la mayor parte de su dentadura se esparcía por el suelo, y parte de su masa cerebral brotaba por un lateral del cráneo. El resto de su cara estaba oculta bajo litros de sangre espesa.

Retiramos silenciosamente los enseres que bloqueaban la puerta de entrada al auditorio. Fuera no escuchamos movimientos, por lo que decidimos salir al exterior del edificio. Nos dirigimos hacia la Gran Vía y los cadáveres continuaban obstaculizando el paso; sobre todo por su insoportable hedor que causaba mareos y vómitos en la más pequeña del grupo.
Algunos cuerpos estaban cubiertos por panfletos informativos, y no eran los que había leído en el Paseo del Prado, éstos pertenecían a la OTAN. Informaban que la mayoría de los países de la unión europea, estaban restableciendo el orden y que el brote epidemiológico había cesado en su propagación al aislar poblaciones para su cuarentena. Continuaba dando instrucciones a los posibles supervivientes para su pronto rescate y que Madrid no sería arrasada, porque un equipo médico especializado debía localizar al paciente cero. Esta información fue arrojada vía aérea la noche anterior sin darnos cuenta; presumiblemente por aviones militares silenciosos. 

Un estridente sonido proveniente de mi mochila, paralizó al grupo. Sus rostros dibujaron pánico. El eco delataba nuestra posición. Se trataba de la alarma del móvil de la mujer a la que había abatido en el auditorio. Lo guardé porque aún conservaba un 15% de batería y serviría de localizador S.O.S. En cuestión de segundo, centenares de infectados aparecieron por todas partes. Corrimos hacia la única dirección despejada,  a Plaza Callao.
Por delante de mí, la joven anarquista tiraba de la niña y del chico, pero perdí de vista al joven de color. Un infectado lo había derribado unos metros por detrás. Se trataba del que había sido nuestro líder. Con sus propias manos abrió el estómago del joven y comenzó a comerse sus órganos aún estando vivo. Los gritos de dolor eran indescriptibles, no había precedentes a ese sonido.

El edificio comercial Fnac era nuestra única vía de escape.
-Espera por ahí no-gritó la joven tatuada- Mejor vamos a los almacenes, que son de acceso restringido. Conozco el camino, trabajé aquí unas navidades.
El chico me tradujo lo que decía y bajamos a la planta baja del edificio, la sección de electrónica. Al fondo había una puerta metálica pesada donde se estampaba la siguiente frase; “sólo personal autorizado” y en lugar de tener cerradura, tenía un pequeño cuadro numérico de seguridad.

-¡Mierda! Lo había olvidado. Esta puta mierda de seguridad-dijo la joven- Seguramente habrán cambiado el código. Vamos a los vestuarios, quizás en una taquilla algún imbécil habrá dejado su código.
Mientras el chico me indicaba, la muchacha probó suerte con su contraseña, pero saltó la luz roja.
Afortunadamente los vestuarios se encontraban próximos a nosotros. La chica comenzó a patalear todas las taquillas y fuimos una por una registrando su interior.
-¡Bingo!- dijo la joven.
En la puerta de una de ellas, un trabajador había anotado su código con rotulador negro. La chica lo memorizó y volvimos a prisa, pero había varios infectados justo en medio del recorrido hacia la puerta.
-¡Eh chico!-dijo la joven- Vamos hacer lo siguiente. Yo les distraigo y vosotros vais hacia la puerta. La mujer anotó el código en mi mano, cogió un portátil de una estantería y comenzó a golpearlo contra la pared. Los infectados reaccionaron al estruendo y por sus gestos, parecían muy molestos.

Picaron el anzuelo, y abrieron un estrecho pasillo, lo suficiente para llegar hasta el objetivo. Introduje el código y la puerta se abrió. Los pequeños entraron primero, y yo sostuve el portón para evitar que se cerrara. Tenía que comprobar que la muchacha lograra venir sana y salva sin que le infectaran; era un riesgo porque ella sabía el código.
La juventud y su buen estado físico, agotaban a los infectados que corrían sin descanso tras ella, pero se confió demasiado en sus posibilidades y uno de ellos, oculto bajo un estante, desequilibró su zancada precipitándose al suelo.
La sujetaron los brazos y las piernas y a continuación, un infectado fue arrancando uno por uno todos los piercings de su atlético cuerpo. Los chillidos de dolor de la mujer no frenaron aquella carnicería. Pude ver con el rabillo del ojo que le estaban cortando las extremidades a la altura de las articulaciones. La mujer dejó de gritar.



miércoles, 16 de julio de 2014

MadriZ

Día 5

La pequeña comunidad de supervivientes estaba formada por una mujer madura cercana a los cincuenta, de pelo corto oscuro, ojos rasgados y mirada profunda. Se apreciaba por su complexión atlética, que pertenecía a la nueva cultura urbana del culto al cuerpo. Todo lo contrario a la otra mujer, un poco más joven con aspecto desaliñado aunque insultantemente atractiva a pesar de sus piercing y tatuajes. Por la simbología con la que se adornaba, se deducía que pertenecía a la tribu urbana de los anarquistas. Ambas mujeres no parecía mantener conversaciones. Les separaba una línea invisible de prejuicios sociales característicos de las grandes ciudades. Por último un hombre de raza negra de unos treinta años de edad, hablaba con más soltura con la joven anarquista.
Imaginé que al pertenecer a grupos con alto riesgo de exclusión social,  se identificarían más.

El que parecía el líder continuó hablando y el chico traduciendo. Pero de repente se quedó mudo. Con un fuerte gesto indicó al resto del grupo que no se moviera. Buscó a su alrededor a la niña; quizás pensó que podría ser ella la causante de esos sonidos. Pero la pequeña estaba a pocos metros y a la vista, junto a la puerta por donde minutos antes había traspasado.
El griterío cada vez se aproximaba más a nosotros desde el otro lado del muro. Pude escuchar con claridad que una de las voces me era familiar. Sin duda se trataba del mismo infectado que horas antes había intentado matarme en la calle Alfonso XII.

-¡Eh! ¡Chico! Pregúntale a nuestra nueva invitada qué narices hizo allí arriba. Que si vio algún zeta-ordenó con un toque de agresividad.

Les expliqué lo sucedido desde el mismo momento en que desperté en el Paseo del Prado, que me persiguió un infectado, pero que le di esquinazo en el parque.

-Pues ya estás traduciendo esto chaval; IDIOTA. Han seguido tu rastro y los has conducido hacia nosotros. Ahora tendremos que buscar otra guarida, además de ponernos el peligro.

No hizo falta traducción. Los gestos despectivos de aquel hombre hubieran valido un “Oscar” a la mejor interpretación. Salimos corriendo en dirección Banco de España, con la esperanza que no hubiera, en la única salida al exterior, otros infectados.
A nuestras espaldas, se apreciaban un gran número de figuras caminando aceleradamente hacia nosotros, impacientes de darnos caza.

Salimos al exterior y a pesar de lo desolador del paisaje urbano, a simple vista no vimos ningún infectado.
El líder de nuestro pequeño grupo, nos condujo directamente al Palacio de Cibeles. Era uno de los pocos edificios que aún quedaban en pie y sus grandes dimensiones, nos darían más oportunidades.

Un grupo de infectados nos siguió desde el interior del metro hasta el edificio. Observé su comportamiento, y era muy distinto comparado con días anteriores. Ya no parecían desorientados, caminaban en línea recta y no gritaban tanto, aunque su aspecto continuaba siendo desagradable. Alguno le faltaba la mandíbula inferior y el músculo de la lengua se podía apreciar desde el interior de la garganta. Otro arrastraba sus intestinos sanguinolentos por el asfalto mientras masticaba sus propias vísceras y todos presentaban hemorragias a través de los orificios del cuerpo. Su conducta era básica,  muy definida a la atracción por los no infectados, como un deseo agónico de supervivencia.

Los últimos rayos de luz del día iluminaban tímidamente la puerta principal  del edificio, proyectando sobre la fachada las sombras de los infectados, que aumentaban de tamaño conforme se aproximaban.
En el interior todo estaba oscuro. Pudimos cerrar la entrada y atorarla con lo que pudimos encontrar más a mano, aunque sabíamos que no aguantaría mucho tiempo.
La edificación se elevaba hasta las ocho plantas, y varias galerías cubrían cientos de metros cuadrados que nos servirían de vía de escape en caso necesario.

La mujer de pelo corto sacó de su bolso un móvil de última generación y lo usó como linterna improvisada. Aún conservaba algo de batería al haberlo desconectado en las horas diurnas.
El chico, por orden del líder, me indicó que buscara en el panel informativo el auditorio, próximo a nuestra situación. Por lo que deduje, allí pasaríamos la noche ya que la estancia estaba aislada del resto de la arquitectura.
Apenas se escuchaban sonidos desde el exterior, aunque corríamos el riesgo de que hubiera algún infectado dentro del edificio; no dio tiempo a inspeccionar.

Sellamos el interior del auditorio con lo que pudimos aprovechar del mobiliario de la primera planta. El silencio era demasiado sospechoso, el grupo que nos perseguía se había desvanecido de repente. El hombre corpulento y autoritario decidió comprobar si el acceso principal al auditorio, estaba correctamente bloqueado. Se acercó con prudencia pero un infectado, desde un hueco de la pared, le agarró de una pierna con tanta fuerza que fracturó todas sus extremidades succionándolo como una aspiradora. La mujer de pelo corto corrió a socorrerle pero en el forcejeo fue mordida por otro infectado.
El líder del grupo desapareció y la mujer en cuestión de segundos, comenzó a tener fuertes convulsiones previas a la infección. Sin pensarlo, me acerqué a ella y la propiné varios golpes en la cabeza con una butaca que había sido arrancada en el anterior asedio al Palacio. No dejé de agredirle hasta que el joven de color me impidió continuar. La mujer estaba muerta, y yo la había matado.




viernes, 11 de julio de 2014

MadriZ


Día 4

Los accesos al metro del Retiro estaban cerrados, aunque no de la manera convencional. Había objetos de todo tipo apilados sobre varios metros, hasta cuerpos humanos, para formar lo que parecía una improvisada barricada.
Posiblemente cuando los infectados tomaron los túneles, la propagación debió ser más rápida porque las avalanchas humanas debieron taponar a los que intentaban escapar.
Los no infectados desde la superficie impidieron su salida para que fuera más cómoda su exterminación. Esta vez sus cráneos no estaban reventados. El color azulado de sus rostros delataba la causa, por asfixia. Sólo el ejército podría haber preparado un contraataque de esta envergadura.

Retiré de mi camino los obstáculos más ligeros para poder atravesar el muro. Estaba muy oscuro y algo crujiente bajo mis pies se pegaba a mi suela. Con un fuerte chasquido encendí el mechero olvidando que tenía una linterna en la mochila. Vi cientos de gusanos que brotaban de los cadáveres. Los cuerpos se encontraban en una crítica fase de descomposición; en algunos la carne se desprendía del hueso y la necrosis cubría el 90% de la piel.

De un salto me arrojé a las vías preguntándome dónde narices estarían los no infectados como yo. Durante las últimas 48 horas me había topado con miles de personas, pero no las suficientes para una ciudad de cinco millones de habitantes. Faltaba mucha gente, y esperaba que la mayoría estuviera sana y salva de este virus mortal.
El túnel en dirección al este estaba cortado, sólo había una única dirección, la estación Banco de España. Calculé que la distancia aproximada era de un kilómetro y que a pie tardaría 20 minutos.
Esta vez utilicé la linterna para iluminar tímidamente las paredes y el suelo del túnel. El olor seguía siendo insoportable pero lo amortiguaba con litros de perfume.

A lo lejos vislumbré un vagón descarrilado, y pensé que sería un buen lugar para descansar unas horas. En el interior había unos pocos cadáveres y los arrojé afuera. Rocié con colonia la estancia y cubrí con ropa todos los huecos que pudieran filtrar el mal olor. Me acomodé e intenté relajar mi cuerpo con buenos pensamientos.
A los pocos minutos, escuché sonidos de pisadas que se aproximaban hacia mí y nuevamente me quedé inmovilizada.


Una figura de corta estatura se acercó y me habló en idioma extranjero.
Era una niña de unos ocho años y de aspecto sano. No parecía estar infectada. Con gestos me indicó que le siguiera  hacia una salida de emergencia utilizada para evacuar siniestros. Me sentí aliviada cuando escuche voces humanas al otro lado del túnel. Se trataba de un pequeño grupo de personas que había sobrevivido al ataque tanto del ejército como de los infectados. Pero sorprendentemente todos eran extranjeros, sólo un chico adolescente chapurreaba mi idioma. Me tradujo información  del que parecía ser el líder, un hombre corpulento de mediana edad que por sus gestos autoritarios dejaba al descubierto haber sido un trabajador de mando intermedio.
Por lo visto el virus, había infectado en sólo cuatro días a más de 60% de la población mundial, que no se conocía remedio y que los no infectados debían ocultarse hasta que se frenara la propagación. Continuó diciendo que el tramo de túnel donde se encontraban, estaba aislado  y actuaba como cuarentena y  que de este modo tendrían más posibilidades de sobrevivir. Sólo salían al exterior a buscar alimentos en las horas centrales del día, cuando los infectados eran más sensibles a la luz y al calor.