domingo, 3 de agosto de 2014

MadriZ


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no saben que allí están los muertos; 

Una luz blanca me cegaba los ojos impidiéndome ver lo que tenía a mi alrededor. Mi cuerpo reposaba en posición horizontal sobre una especie de camilla. Mis pies y manos estaban fuertemente anudados por unas correas fijadas a las patas. Cuando mi visión se hizo más nítida, observé que una burbuja de plástico cubría la estancia donde me hallaba. Unas figuras humanas se transparentaban al otro lado de la cúpula; parecían estar discutiendo. Uno de ellos atravesó el impermeable de seguridad y se acercó a mí con una mascarilla en la cara.

-¡Buenos días, señorita! Mi nombre es Dr. Anders Nordström, director general de la Organización Mundial de la Salud. Se encuentra en un hospital de campaña de la OTAN. Fue rescatada por nuestros soldados en el asedio a Madrid, y me temo que usted es la única superviviente. Seguimos una señal en movimiento vía satélite procedente de su dispositivo móvil desde que comenzó el brote, pero no pudimos intervenir antes en la ciudad, porque debíamos interceptar previamente al paciente cero, ya que es vital para proporcionar la vacuna contra esta terrible enfermedad. La zona cero se localizó en el museo del Prado, donde comenzó todo. Un equipo miliar especializado fue tras los pasos de los supervivientes y los ha conducido hasta usted en las inmediaciones del Palacio Real, cuartel general del los infectados. No pudimos arrasar la zona hasta no estar seguros de localizar al paciente cero. Muchas ciudades de todo el mundo han sido literalmente destruidas, pero afortunadamente numerosos grupos hemos sobrevivido a la infección, aunque el 80% de la población mundial ha desaparecido. Debemos con urgencia obtener la vacuna para erradicar de una vez el mortal virus.

Aquel hombre hablaba mi idioma a la perfección, pero seguía sin recordar cómo narices había despertado muy cerca de la zona cero. Lo único que recordaba era haber estado paseando por el parque del Retiro antes de todo esto.

-Disculpe señor Nordström. Pero no sé que esperan de mí. No recuerdo nada, ni siquiera mi nombre.

-Su nombre es Estelle Boissieu de 21 años de edad, natural de la ciudad de Lyon, Francia. Forma parte de un intercambio cultural entre la universidad complutense de Madrid y la universidad de Lyon. Estuvo usted paseando con la estudiante española por el parque del Retiro antes de visitar el museo del Prado. Su acompañante murió en la misma sala 4, el equipo encontró sus restos. Después de ser  trasladada a la enfermería, alguien le sacó del museo pero cayó en el Paseo del Prado, donde despertó.

De repente un fogonazo de imágenes inundó mi mente. Ahora todo encajaba, la extranjera era yo. Los integrantes del pequeño grupo del metro eran españoles, y el chico con seguridad tenía ascendencia francesa.

Recordé la entrada al museo y su recorrido hasta la sala 4. El Jardín de las Delicias del Bosco, era uno de los motivos de mi visita; mi proyecto fin de carrera dependía de esta obra.

-Dígame señor Nordström, ¿han localizado al paciente cero?

-Afortunadamente sí, señorita. Le tengo delante de mí. Es usted Estelle. ¿No se ha preguntado durante estos días por qué no enfermó? Pues porque usted es inmune a la infección-afirmó el doctor.

-No, se equivoca. No estuve en ningún momento en contacto directo con esas bestias. No tengo ni un rasguño.

-Madame. El virus mutó para transmitirse por el aire.

-Pero, ¿cómo explicaría que los integrantes del grupo al que acompañé no se infectaran por el aire?-Señalé.

-Porque ellos permanecieron bajo tierra; en el metro estaban aislados. Al menos durante unos días más. Y luego cuando subieron al exterior, fueron muriendo con rapidez asesinados por los infectados.

-Si yo soy el paciente cero, ¿cómo me contagié y de qué exactamente?-pregunté con impaciencia.

-¿Conoce usted la mayor pandemia de la historia de la humanidad, la peste negra?

-Sí. Tuvimos una charla sobre el tema en la universidad de Lyon durante el segundo año de carrera. El ponente fue un eminente catedrático de historia, especializado en enfermedades antiguas. Recuerdo perfectamente la brillante exposición-afirmé.



Mientras el doctor me ponía en contexto, recordé en silencio que la peste negra mató a 25 millones de personas en Europa y a 60 millones en Asia en el s.XIV, aunque el primer brote se remonta alrededor de año 536 d.c, durante el imperio Justiniano. La bacteria causante de la enfermedad era de origen africano, y se propagó con facilidad en las ratas por una pulga común de los roedores, y como la rata es un animal cercano al hombre, porque se encuentra en las urbes, puertos e inclusive en los barcos, pronto se transmitió. La bacteria despertó de su letargo al bajar la temperatura media global por un invierno volcánico, debido a una erupción de una gigantesca caldera volcánica llamada lago de Ilopango en El Salvador, centro América.

-Pero eso qué diablos tiene que ver conmigo y con esta época. Desde hace más de quinientos años no ha habido brotes de peste negra con tanta mortandad-puntualicé.

-Recientes investigaciones científicas afirman que la bacteria causante de la peste no sólo se transmitía por riego sanguíneo sino también por el aire y por los tejidos de la ropa. Por eso en la edad media, quemaban los cuerpos de los muertos y también todas sus pertenencias. Nuestro equipo científico ha comprobado que usted contrajo la bacteria inhalándola al aproximarse al mismísimo cuadro El Jardín de las Delicias, me explico. El soporte que utilizaban los artistas de la época era el lienzo, elaborado con tejidos. La bacteria de algún modo sobrevivió inexplicablemente durante siglos oculta entre el lienzo y casualmente semanas antes, la obra había sido restaurada por los especialistas que utilizaron productos químicos que alteraron el metabolismo de la bacteria, liberándola de su confinamiento. Si recuerda, señorita en la sala 4 existe un perímetro de seguridad donde nadie puede traspasar, pero usted no lo respetó y se acercó lo suficiente para que la bacteria encontrara un nuevo vector transmisor, usted.   

En cuestión de minutos, la bacteria mutó en su cuerpo a virus y lo contagió al vigilante de seguridad y así sucesivamente se extendió como el fuego. El resultado en los infectados ya lo conoce. No obstante, señorita Boissieu cualquiera se podría haber infectado antes o después, era cuestión de tiempo-confirmó el doctor.

-Entonces señor Nordström, ¿tengo en mi cuerpo la cepa original de la bacteria?-pregunté asustada.

-Efectivamente. La bacteria se transforma en virus cuando usted exhala el aire de sus pulmones y así contagia. Los medicamentos para combatir las bacterias son los antibióticos, por lo tanto muerta la bacteria erradicamos el virus. Pero antes debemos aislar una muestra de su bacteria para preparar la vacuna y administradla a las personas que aún quedan sanas-explicó el director.

-Doctor. Me llamó la atención cómo los infectados iban mejorando su sistema locomotor, teniendo en cuenta que sus cuerpos estaban mutilados.

-En nuestros laboratorios hemos comprobado que el virus evolucionaba mejorando su estructura y transformando la genética del infectado. Todo organismo, señorita, lucha por su supervivencia y como el virus encontró un buen lugar para vivir, lo fue mejorando para defenderse de los intrusos. Por eso los últimos infectados que vio usted, eran otro tipo de humanos capaces de sobrevivir en condiciones extremas y que se estaban organizando para aniquilar a los pocos supervivientes que quedábamos.

Tras la exposición del director de la OMS, fui conducida a otra sala de aislamiento donde cientos de médicos de todas las nacionalidades realizaron experimentos durante días. La bacteria desapareció de mi cuerpo gracias a un antibiótico único en el mundo, y en cuestión de semanas la nueva vacuna fue arrojada vía aérea a todas las colonias de supervivientes. Poco a poco, los países regresaron a su normalidad y lanzaron una campaña para aumentar la natalidad a escala mundial, ya que otra pandemia o un cambio climático repentino, podrían en peligro a la especie humana.


Meses después del holocausto, retomé mis estudios en la universidad de Lyon. Debía de continuar con mi proyecto de fin de carrera, basado en la obra del Bosco, El Jardín de las Delicias. Durante un día de investigación en la biblioteca de la facultad de arte, observé que en la parte central del tríptico, el artista había dibujado una rata negra, y curiosamente daba la casualidad que se encontraba representada en la zona del pecado original. Por lo tanto a través de este tríptico, el Bosco, nos muestra como profeta, una metáfora del apocalipsis; la peste concretamente es el cuarto jinete del apocalipsis y esta enfermedad está representada por la rata negra en muchas obras del renacimiento. Incluso fui más allá. El tríptico desde el punto de vista del espectador, de izquierda a derecha, se puede “leer” la peste desde el paraíso hasta el infierno y la prueba está porque aparece otra rata negra atrapada entre las fauces de un felino. Por lo tanto, la peste muere en el paraíso porque en el paraíso aún no hay pecado. Por último, en el infierno se representan a los cadáveres y la muerte, resultado de la peste.


Es un misterio cómo pudo la bacteria acabar entre los tejidos de esta obra y mucho más sobrevivir hasta nuestros días. Pero lo que está claro es que el Bosco con esta obra, nos vaticinaba mucho más de lo que a simple vista podíamos ver.

Fin.

 de interés
Nota de autora
Relato incluido en mi libro Los Sueños de Andrómeda. Aquí tenéis el enlace:
Los Sueños de Andrómeda


Vídeo Jardín de las Delicias
Análisis Jardín de las Delicias







2 comentarios:

  1. Estupendo final. Y como es tu estilo aportando datos de todo tipo. Lo que me ha descolocado un poco, es como un virus de la peste puede pasar a ser un virus que convierte a la gente en zombis.

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  2. Hola Baena. Me alegro que el final te gustara. La verdad que cuando comencé a escribir este relato, el desenlace final lo tenía muy consolidado, pero el resto fue saliendo sobre la marcha. Todos los datos que aporto son reales, quizás en los de medicina me equivocaré, pero te explico que la peste es una bacteria no es un virus, pero puede mutar a virus dentro del cuerpo y contagiar más rápidamente. Lo que sí es ciencia ficción es cuando afirmo que el virus tiene la capacidad de transformar el humano en zombie.
    Gracias por dejar los comentarios.
    Saludos!

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